domingo, 25 de junio de 2017

Los animales que hablan

Hace poco me encontré con lo que ven ustedes en la siguiente fotografía, que tomé en un parque de la CDMX. Como se observa, en la imagen se representa justo y nada más, lo que parecen ser todos los adolescentes, personas que llegan a los 13-17 años de edad sin la capacidad de diferenciar la letra b de la v, incluyendo acentos y otras cosas que ustedes conocen bien.


Aristóteles, un pensador ilustre de la Grecia clásica, llegó a hablar de las personas comunes como animales que hablan, y vaya que los adolescentes parecen eso, y sobre todo los que forman pandillas de barrio, polillas ambulantes que andan por aquí y por allá, pintarrajeando muros y embriagándose cada fin de semana, obligando a medio mundo a preguntarnos cómo en esas condiciones pudieron lograr hacerse del habla para comunicarse.
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Desde Aristóteles a la fecha, al parecer, el grueso de la gente parecemos ser la misma, como sacados todos del mismo molde: seres humanos dispuestos a pasarnos la vida satisfaciendo nuestro cuerpo en detrimento de lo que en principio nos debería hacer hombres: el pensamiento. Precisamente por esto, Schopenhauer (otro pensador pero esta vez alemán), dijo una vez que los hombres son más o menos los mismos pobres diablos en todos lados.

Crestomatía: http://k46.kn3.net/taringa/8/2/4/D/6/C/mauricio_wr/1D2.jpg
Y según parece, para no variar, el destino se encargó de amontonarnos todos en México, ya que doquiera que volvamos la vista, encontramos nuestras propias huellas, las de personas que evidencian carencia de la mínima instrucción académica, el mínimo de honor y el mínimo de vergüenza. Pero eso sí, el máximo de toda clase de vicios y gustos bajos como el futbol y otros peores que ahora no puedo nombrar.