domingo, 25 de junio de 2017

Los animales que hablan

Hace poco me encontré con lo que ven ustedes en la siguiente fotografía, que tomé en un parque de la CDMX. Como se observa, en la imagen se representa justo y nada más, lo que parecen ser todos los adolescentes, personas que llegan a los 13-17 años de edad sin la capacidad de diferenciar la letra b de la v, incluyendo acentos y otras cosas que ustedes conocen bien.


Aristóteles, un pensador ilustre de la Grecia clásica, llegó a hablar de las personas comunes como animales que hablan, y vaya que los adolescentes parecen eso, y sobre todo los que forman pandillas de barrio, polillas ambulantes que andan por aquí y por allá, pintarrajeando muros y embriagándose cada fin de semana, obligando a medio mundo a preguntarnos cómo en esas condiciones pudieron lograr hacerse del habla para comunicarse.
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Desde Aristóteles a la fecha, al parecer, el grueso de la gente parecemos ser la misma, como sacados todos del mismo molde: seres humanos dispuestos a pasarnos la vida satisfaciendo nuestro cuerpo en detrimento de lo que en principio nos debería hacer hombres: el pensamiento. Precisamente por esto, Schopenhauer (otro pensador pero esta vez alemán), dijo una vez que los hombres son más o menos los mismos pobres diablos en todos lados.

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Y según parece, para no variar, el destino se encargó de amontonarnos todos en México, ya que doquiera que volvamos la vista, encontramos nuestras propias huellas, las de personas que evidencian carencia de la mínima instrucción académica, el mínimo de honor y el mínimo de vergüenza. Pero eso sí, el máximo de toda clase de vicios y gustos bajos como el futbol y otros peores que ahora no puedo nombrar.





domingo, 18 de junio de 2017

Secundaria Técnica 17 "Artes Decorativas"

Secundaria Técnica 17

Allá en el año 1992 de nuestro Señor, entré a la secundaria en la escuela técnica 17 "Artes Decorativas". Recuerdo que fue la época en que los microbuses tenían poco tiempo de haber visto la luz en el hoy ya desaparecido Distrito Federal.

Fui generación 1992-1995... Han pasado ya 25 años después de mi primer día de clases..., 25 años, una gran parte de la vida. Tengo infinidad de anécdotas qué contar de esa época que hoy miro hacia atrás con verdadera nostalgia.

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Recuerdo a todo mundo, incluso sin rencor a quienes me hicieron pasarla mal. En una ocasión, en la clase de Educación Física un compañero maldoso me bajó el short echándose a correr en el acto, y mientras yo cubría rápidamente mi vergüenza, todos reían a carcajadas... Nunca alcancé al niño endemoniado, y aunque en ese momento quise matarlo, hoy no guardo de todo ello más que un recuerdo amable y gracioso.

De mi época de alumno, desde el jardín de niños hasta la universidad, no guardo aprecio por nada ni por nadie sino por mi escuela secundaria. ¿Dónde están mis compañeros? ¿Qué les deparó el destino? No lo sé. Pero tanta es mi mala suerte que es probable que mi generación se reúna periódicamente a mis espaldas mientras yo hago el ridículo escribiendo este post añorando esos que fueron para mí los años maravillosos (¿recuerdan la serie?).

Mi generación (1992-1995)
Sin importar lo que hoy pase a mis espaldas, dónde se encuentren mis compañeros y que el tiempo inmisericorde se haya tragado la única época que guardo con aprecio, sólo puedo terminar este post con una frase de Woody Allen con la que no puedo más que coincidir: yo era feliz, y no lo sabía.

Hoy en día, cuando de vez en cuando paso frente a la que fue alguna vez mi escuela, exteriormente nadie podría notar la mínima perturbación en mi persona. Pero por dentro sonrío y me alegro como si fuera hoy tan feliz como antes, mientras un nudo comienza a formarse en mi garganta ocasionado por la verdad: que esa época no regresará nunca y que seguiré atrapado hasta la muerte en el presente que ya nada tiene que ver con el patio, pupitres y salones de mi escuela secundaria.

domingo, 11 de junio de 2017

Todos somos malos, a nuestra manera

Es ordinario pensar que las personas malas son sólo aquellas cuya conducta está tipificada como ilegal en las leyes del país donde residen; y por ende, es común pensar que la mayor parte de las personas son lo contrario, buenas, buenas cómo una manzana, dignas del cielo que nos depara nuestro honroso comportamiento.

Francamente no sé cuál sea la razón de fondo de por qué  la gente piensa tal cosa, cuando todo parece indicar justo lo contrario.

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Admito que la mayoría de nosotros no cometemos delitos tipificados como tales por las leyes. Ahora, sin hablar de cuáles sean la razones de por qué las personas no cometen tales delitos (porque seguro no se deberá al buen corazón de cada quien), sí es seguro que todos nosotros somos unas veces insidiosos, otras veces mezquinos, otras más traidores, algunas otras desagradecidos, a veces deshonestos, tramposos, violentos, intolerantes, irrespetuosos, imprudentes, desleales, mentirosos, etcétera.

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Pero entonces, si somos así, traidores, deshonestos, etc, ¿cómo podríamos ser buenas personas? Es decir, que no seamos delincuentes no implica que no seamos malas personas; y si nadie es lo suficientemente ingenuo ni obcecado, entenderá que todos somos personas malas a nuestra manera: hoy no seremos traidores ni insidiosos, pero sí intolerantes y con odio en el corazón..., y si hoy no somos esto último, seguro manifestaremos otro vicio, y luego otro y otro.

Finalmente, podría alguien replicar: se puede decir justo todo lo contrario. Esta réplica es buena, porque sí, sin duda, se puede argumentar todo lo contrario, a saber, que pocos son los santos en el mundo, pero la mayoría es unas veces honesta y otras leales, etc. Si bien ésta réplica es razonable, el problema del que adolece es que siempre se puede preguntar: ¿cuáles son los motivos por los cuales la gente que es respetuosa y honesta con sus semejantes?

Por desgracia esta pregunta parece que no puede responderse con nada halagüeño; y para decirlo de una forma absolutamente elocuente, me gustaría contestarla con una frase lapidaria formulada por Tomas Hobbes: el hombre tiende a la paz por temor a la muerte. ¿Se entiende? ¡Por supuesto que sí!

domingo, 4 de junio de 2017

La libertad no lo es tanto

A nivel popular todo mundo entendemos por libertad la capacidad de pensar y/u obrar sin que nada ni nadie nos limite. Dicho de otra manera, pensamos que la libertad es hacer lo que queremos, punto. En la medida que efectivamente obramos o no conforme nuestra voluntad, entonces decimos que somos o no libres.

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Pero la libertad, así pensada, está muy pero muy lejos de ser una capacidad que no está limitada. Veamos, si la libertad es obrar conforme nuestra voluntad o de acuerdo a lo que queremos, entonces hay que preguntarse: ¿cómo llegamos a querer lo que queremos?

Si resulta que lo que queremos es resultado de un proceso totalmente determinado, uno en el que nosotros no tenemos ninguna decisión, entonces tendremos que definir a la libertad como la capacidad de obrar según lo que queremos determinadamente.

Las pasiones y sentimientos llegan a nosotros de una manera totalmente ajena a nuestra voluntad, llegan a nosotros sin nuestro consentimiento, cuasi maquinalmente. Lo que implica, por ejemplo, que cuando odiamos o amamos no sentimos eso porque así queramos, porque el amor y el odio saltan en nosotros como los brotes de una planta saltan en la tierra, sin quererlo (ver más sobre esto en este otro post).

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Ahora, puesto que llegamos a querer lo que queremos a través de un proceso visiblemente cerrado y determinado, sin aviso de la mínima luz de libertad y decisión, entonces podemos confirmar lo dicho: que la libertad no lo es tanto (si entendemos que ser libre consiste realmente en obrar según pasiones y sentimientos determinados que nacen como plantas en nuestro espíritu).

Sin duda que ante esto cualquiera​ podría replicar: No importa que las pasiones nazcan en nosotros de una manera fija y determinada, cuando obramos lo hacemos decidiendo libremente y sin limitaciones de acuerdo a lo que sentimos.

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Pero entiendo que esta réplica, por supuesto, es totalmente falsa según lo dicho: porque las decisiones se basan siempre en aquello que queremos y sentimos: la decisión que tomemos será siempre aquella basada en el sentimiento que haya tenido más fuerza determinante dentro de nosotros.

Para terminar, aunque no estemos de acuerdo con lo que aquí se presenta, sin duda tenemos que pensar en este asunto que es importante, y sopesar al menos la idea de que en nuestro ser hay mucho más de máquina que de un ser realmente libre.

domingo, 28 de mayo de 2017

La versión humana de las ratas

Desde hace tiempo que en las calles de la nación americana circula uno que otro billete con la leyenda: Mexicans, the human version of rats; es decir, Mexicanos, la versión humana de las ratas.

En un post anterior escribí sobre la idea de que la razón de fondo de una gran parte del racismo estadounidense contra los mexicanos, era esencialmente estética. No voy a abundar más sobre ello. Pero esta leyenda sobre los billetes verdes me hace pensar en otra cosa que comparto a continuación.

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Sólo quien vive en determinada comunidad y convive entre su gente puede hablar de ella con tanta razón como si hablara de sus propias manos. Por desgracia me toca hablar a mí, que no tengo un espíritu especialmente sociable, y menos aún tolerante con las cosas que me parecen estar mal.

Los mexicanos forman un pueblo abierto, complaciente con la convivencia, pasional y sin duda alegre..., no voy a negar eso. El mexicano pertenece a un pueblo que cuando quiere incluso pasa por hospitalario. Esto es su lado bueno. Pero una vez escuché una máxima que desde entonces no puedo dejarla de aplicar cuando hablo de la gente de mi país: la gente es buena hasta que la conoces.

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Si no eres un afortunado que puede pagarse una casa en una zona privilegiada en la CDMX, tendrás que conformarte con un lugar en un barrio común e incluso en un arrabal. Una vez instalado no tardarías en ver cómo la gente no respeta la entrada de tu casa obligándote a poner botes de cemento para evitar que se estacionen en ella; en vigilar noche y día esperando encontrar a la persona que tira bolsas de basura en tu puerta; en encontrarte a los varilleros desgraciados que te rompen los tímpanos con la música que intentan vender dentro del Metro; en hacer bilis cada vez que tienes que subir a un microbús porque el conductor es la persona más vulgar que pudieras haberte encontrado en todo el día; en hacer aún más bilis cuando después de entrar al microbús, te sientas justo al lado de la persona que tira su basura por la ventana; en enterarte todas las mañanas en el noticiario de Carmen Aristegui de un nuevo desfalco a las arcas públicas de parte de este y este otro servidor público; en escuchar que asesinaron a la hija de una persona en el norte del país y en oír la semana entrante que mataron a la madre de esa hija porque decidió levantar la voz; en..., no digo más.

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Sólo puedo, aunque no por las mismas razones sino por lo ya dicho, coincidir con aquellos gringos que sellan los billetes verdes denostando a los mexicanos cómo ratas. De modo que si no todos los mexicanos somos unas bestias, muchos de nosotros, un montón, sí somos como las ratas, pero más mezquinos y sucios, faltos de honor, vergüenza y respeto por los demás.

domingo, 21 de mayo de 2017

Dios y las ratas

Voltaire, ustedes lo conocen bien, en cierta ocasión hizo una magnífica y demoledora comparación entre Dios y el capitán de un barco:
Dios se preocupa de los seres humanos tanto como el capitán de un barco se preocupa de las ratas que hay en sus bodegas.
¿Alguna vez hemos pensado en que tal vez le somos indiferentes a Dios como nosotros mismos lo somos frente a otras formas de vida que tenemos delante nuestra cara y que nos son tan prescindibles que apenas nos damos cuenta que están ahí?

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Nosotros sabemos perfectamente que existen hormigas, polillas, chinches y un montón de formas de vida inferiores en nuestros jardines e incluso en nuestra propia cocina y recámara, justo frente a nuestra cara. Pero nuestros días pasan, uno tras otro, y tales formas de vida nunca nos quitan el sueño, como si esos seres vivientes no existieran, como si fueran residuos, sobrantes dignos de indiferencia.

Quizá, es posible que a un ser que está más allá de nuestra propia comprensión como Dios (si existe, por supuesto) le pase lo mismo que nos pasa a nosotros con las ratas y moscas de nuestro jardín: sabemos que están ahí, pero no nos importa su vida, sus problemas ni su felicidad.

domingo, 14 de mayo de 2017

Lesvy Berlín, crónica de un desastre anunciado!

¿Qué se espera de una persona que se codea con, si no con narcotraficantes y delincuentes, sí con pandilleros o drogadictos de barrio, porros o en general malas influencias? ¿Qué se espera de alguien que fraterniza con gente así, que aunque no participe de los crímenes (drogas, alcoholismo, etc) de aquellos, sí lo hace de su amistad y de su medio, de su contexto podrido o medio podrido?

¿Es razonable pensar que la exposición frente a tales amistades devenga alguna vez en una desgracia, quizá, por ejemplo, en ser objeto de una bala perdida entre una pelea natural entre pandilleros?

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Por supuesto que sí, de otra manera sería como esperar que jamás fuéramos mordidos por una serpiente viviendo en un serpentario; o como esperar no exponerse a ser picados por los moscos en una expedición a la selva. No es posible, simplemente no es posible.

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Hace unas semanas desgraciadamente una muchacha fue encontrada asesinada dentro de Ciudad Universitaria en la CDMX. Su nombre: Lesvy Berlín. Si Comunicación Social de la PGJ tiene razón y en verdad  la chica familiarizaba con personas alcohólicas y drogadictas, no es extraño que se haya posado sobre ella una desgracia semejante según lo ya expuesto anteriormente relativo a codearse con malvivientes.

domingo, 7 de mayo de 2017

México, un desastre post-apocalíptico!

La idea fundamental de las películas post-apocalípticas es un planeta Tierra que, por la razón que se nos antoje, se ha ido al diablo. Recuerdo ahora un par de películas estadounidenses a propósito: Cuando el destino nos alcance y Soy leyenda. Esta última protagonizada por Will Smith, película que, dicho sea de paso, me parece bastante entretenida.

Recién vi otra película de esta misma sazón: Elysium. La trama consiste en que el planeta dejó de ser un lugar medianamente tolerable, así que el ser humano ideó la forma de escapar de él. Desde luego, y como era de esperarse, quien escapa es la gente adinerada, no los pobretones muertos de hambre. Éstos, según la película, se ven obligados a morirse aquí en una Tierra deshecha, sucia, contaminada y pobre, casi un basurero, un desperdicio.

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Los estadounidenses no son tontos, así que no iban a pagar los servicios de una compañía de efectos especiales para construir un mundo post-apocalíptico cómo el descrito, si bien los productores podían encontrar una locación real, no ficticia, muy muy real que reuniera las condiciones insalubres, sucias, pobres y carcomidas de una población que pasara perfectamente como el sobrante muerto de un mundo podrido.

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¿Y saben ustedes dónde encontraron esa locación real que describía perfectamente el mundo podrido que se buscaba? En México. Los productores llegaron a México y vieron la forma de vida desastrosa y terrible en que viven millones de personas en este país, y seguramente se dijeron entre sí: ¡Eureka, miren qué asco..., si hubiéramos contratado a Pixar o Framestore hubiéramos perdido dinero para que ellos se inventaran un mundo muerto, cuando aquí nos sobra espacio para filmar!

domingo, 30 de abril de 2017

Las pasiones dominan tus acciones, no tu cabeza

¿Te has preguntado alguna vez qué domina tu vida, la cabeza o tus pasiones?

Esta pregunta, que quizá te hayas hecho alguna vez, no es fácil. Así que si alguna vez la has contestado con un: ¡Hombre, qué pregunta, yo soy una persona que no se deja dominar por sus pasiones, así que es la razón quien domina mis obras!, deberías reconsiderarlo para evitar que la gente piense que tienes una cabeza llena de unicel.

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Las pasiones son cosas que se padecen, de ahí su nombre. Es decir, se vienen a nosotros sin nuestro control, como las enfermedades o los sueños.

El dolor y la alegría no son cosas voluntarias, aparecen en nosotros como aparecen los sueños en nuestra cabeza mientras dormimos. Saltan ahí dentro de nosotros en determinadas circunstancias, como si éstas presionaran un botón y ¡pum!, he ahí una pasión experimentada.

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Las cosas que todos nosotros hacemos, cada una de las cosas que decimos, tienen una razón de ser. ¿Te has preguntado cuál podría ser la razón, o sea, la causa de las cosas que haces y dices? Esa causa es aquello que hace que te muevas, que vayas al trabajo, que estudies, que busques.

Si comienzas a buscar, encontrarás que cada una de las cosas que haces encuentra su razón de ser en alguna pasión que te mueve, pasión que desde luego nace en ti por naturaleza (por sí sola). ¡Vaya, veamos un ejemplillo! Buscas empleo porque sientes la insatisfacción de contar con una vida que no tiene la seguridad económica que te provee un trabajo.

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¡No es la cabeza quien gobierna en ti, sino tus pasiones! Tus pensamientos racionales sin duda son eso, racionales, pensados por tu inteligencia, pero aquello último que te hace inclinar sobre tal o cual resolución no es la razón sino una pasión poderosa que te orilla a trabajar, comer, jugar, etc., etc.

domingo, 23 de abril de 2017

Si no te callas, no nos entendemos

El silencio es un elemento importantísimo dentro del diálogo. Simplemente, para que puedan entenderse dos o más personas, es necesario que todos callen mientras que uno solo habla.

Si, como sucede entre los arrabales, las personas intentan entenderse hablando todos a la vez, gritando y pataleando, el resultado evidente es el caos y el no entendimiento. En estas circunstancias, entre gente pedestre, es imposible entenderse porque antes que permitan que quien habla termine de exponer su idea, le interrumpen una y otra vez.

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En algún momento Sócrates (o Platón, no lo recuerdo ahora con claridad) dijo que la mayor parte de las personas no llegan a un diálogo, a una conversación, con la idea de aprender algo de los demás, dispuestos a admitir las buenas ideas y el buen razonamiento de sus contrapartes, sino a imponer sus propias ideas haya o no razón en lo que dicen. Esto, justo esto, me parece que es la razón de por qué muchas veces la gente se interrumpe una y otra vez en una conversación, negándose a dejar hablar a quien se supone tiene la palabra.

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Es decir, no querer escuchar ni admitir lo que haya de razón en las palabras de los otros, es la causa de que la gente interrumpa a quien habla. Estas personas, las que interrumpen, hacen justo lo que los animales, ladrarse entre sí una y otra vez, y no pudiendo entenderse porque nadie escucha, la frustración de cada uno se exacerba hasta llegar a morderse como perros.

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El silencio, pues, denota personas educadas y razonables, razonables sobre todo. ¿Pero de qué clase de corral sacaron a éste? me pregunto cuando me encuentro frente a personas que no oyen nunca y quieren siempre imponer su maldita palabra a los demás sin esperar un momento y sopesar lo razonable que pueda haber en el discurso de quienes se molestan en escucharle a él.

domingo, 16 de abril de 2017

Javier Duarte, hoy detenido, mañana exculpado

Justo ayer (Sábado Santo, 15 de abril de 2017) la Interpol detuvo a Javier Duarte, exgobernador del estado de Veracruz, México.

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Hagamos las veces de pitoniso y vaticinemos el futuro de este caso: En unos días, este hombre que nos recuerda a los amables señores Botija, Barriga y Ñoño, enfrentará a la Justicia mexicana, pasarán unos meses, quizá años, y oficial y finalmente la manida Justicia mexicana dictaminará algo muy semejante a esto: "Después de una revisión exhaustiva y profunda del caso, concluimos que no existen elementos para inculpar al ciudadano Javier Duarte de Ochoa".


Pero quizá haya otra posibilidad, y es que sí pase unos años en prisión, pero sólo unos años, tan pocos que a la mayoría de los mexicanos nos parecerían una sentencia ridícula. Ahora, si este caso fue tan sonado y sobretodo expuesto a la opinión pública, no fue debido a lo inusual de la corrupción pétrea de la alta clase política mexicana expresada hoy en la persona de Javier Duarte, sino muy probable a lo exagerado y grosero de sus malversaciones.

Es un secreto a voces el manoseo de las arcas públicas por parte de los funcionarios públicos. Incluso hay funcionarios que lo admiten abiertamente (¿recuerdan a Hilario Ramírez, alcalde de Nayarit?).

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El peculado es perfectamente tolerado en este país, pero con tal que quien lo comete "no se manche"..., y Javier Duarte, se manchó, ¡y bien!

Si hubiera sido un poco más inteligente, hubiera robado menos y nadie nunca le hubiera dicho nada, nada de nada, como a todos los que le han precedido como gobernadores en los estados de nuestro país.

domingo, 9 de abril de 2017

La mejor canción de la historia

Hace poco me topé con Las 500 mejores canciones de todos los tiempos según Rolling Stone. Si uno echa una mirada rápida sobre las primeras 10 canciones, uno sale de ahí con un dejo de ¿en serio? Digo esto no porque ponga en duda el valor musical de tales canciones (no soy nadie para hablar de ello), sino por el abigarrado conjunto que forma tal reunión de canciones.

Crestomatía: http://www.todocoleccion.net/musica-revistas-antiguas/rolling-stone-numero-especial-500-mejores-canciones-historia-130-paginas-espectacular~x25696521

¿A razón de qué Satisfaction de The Rolling Stones es mejor que Respect de Aretha Franklin, si una y otra canción pertenecen a géneros tan distintos de música como una pijama y un traje sastre, si habláramos de ropa?

Esas 500 mejores canciones, simplemente, no pueden ser las 500 mejores canciones de la historia ni de nada. Porque al no pertenecer a la misma categoría (género musical) resulta imposible la comparación.

Crestomatía: http://segundoenfoque.com/rolling-stones-cierra-este-ano-lleno-de-exitos-38-302700/

Una cosa es más o menos buena, o más o menos alta, o más o menos fría, etc., en relación a un máximo. Por ejemplo, un estudiante es más o menos bueno según se comparen sus notas con el bien superior, que sería la calificación de 10. Así pues, podemos perfectamente comparar a los alumnos entre sí y ver quién es el más estúpido de la clase, o en su defecto, el más inteligente. Es posible realizar esta comparación porque tenemos muy claro cuál es el máximo, y ante el cual todos los alumnos se miden.

Crestomatía: http://soloseviveunavez.gladyspalmera.com/aretha-franklin-sentimiento-con-caracter/

Si tuviéramos educación musical en blues, podríamos perfectamente argumentar que n canción de Billie Holiday es mejor o peor que canción de Ella Fitzgerald, porque tales canciones alcanzan mejor o peor el máximo según el cual se califican, que es la perfección del blues. Pero al observar la disímil lista de las mejores 500 canciones según Rolling Stone, uno ya no encuentra a simple vista cuál diablos puede ser el máximo según el cual se miden tales canciones; y nos preguntamos ¿por qué la 5ta mejor canción de la historia es un blues de Aretha Franklin, y la 2da mejor canción es un rock de The Rolling Stones?


domingo, 2 de abril de 2017

Las mujeres y el transporte colectivo

Muchas de las mujeres que suben a los camiones colectivos aquí en la Ciudad de México, esperan a estar justo frente al chofer para comenzar a buscar el dinero con el que piensan pagar el viaje.

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Si cuando lo abordan subieran 3 ó 5 personas más, bien, la cosa no pasaría de que el autobús tardaría un poco más en reanudar el camino. Pero el problema es cuando suben solas. En este caso el autobús reanuda su camino al instante y eso pone a prueba su sentido de equilibrio, pues tienen que hurgar entre el desastre que traen en sus bolsos para hallar las 3 monedas que perfectamente pudieron haber sacado antes de subir al autobús, mientras éste se zangolotea de aquí para allá en las calles perfectamente pavimentadas de la CDMX.

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...y el autobús comienza su marcha entre los baches, casi albercas, de las calles y avenidas de la Ciudad de México... Mientras, aquellas encuentran una moneda intentando abrazarse torpemente del tubo metálico junto al conductor... y el camión acelera y frena, una y otra vez. Hasta que finalmente mejor sacan un billete para pagar.

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Al día siguiente esas mujeres hacen justo lo mismo, una y otra vez, año tras año, sin que les pase por la cabeza la idea de que si no llevan de antemano el pasaje listo, harán esperar inútilmente al resto de personas que también quieren abordar; y a exponerse ellas mismas a ser objeto de un ridículo aún mayor al trastabillar a cada vuelta de rueda que da el autobús.

domingo, 26 de marzo de 2017

El dolor no desaparecerá nunca

¿Han visto las publicaciones Atalaya relacionada con la Iglesia Evangélica donde se muestra a gente de todas las razas conviviendo en paz, e incluso junto a las bestias más feroces que por alguna razón se han vuelto dóciles?

Antes de soñar en escenarios semejantes, veamos lo siguiente.

El dolor en su infinidad de presentaciones, el disgusto, el malestar, la insatisfacción, etc., es aquello que nos mueve, es la razón de por qué todos nosotros salimos todos los días a trabajar, a jugar, a hablar y a hacer todo lo que hacemos cada uno de los días de nuestra vida.


Crestomatía: http://morirencasa.weebly.com/el-sufrimiento.html
Si fuéramos seres completos, satisfechos en todo sentido, no habría en nosotros ningún movimiento, ni hacia adelante ni hacia atrás. Pero como estamos llenos de carencias, nos movemos y buscamos siempre lo que no tenemos con el único fin de completarnos a nosotros mismos. Ésta es la razón de por qué el dolor es el acicate de las obras humanas. El dolor es la razón de nuestra vida, de lo que somos.

Así las cosas, y escuchemos bien esto, el dolor y la imperfección en general son eternos y no es posible que el ser humano los erradique o halle alguna vez la forma de vivir sin ellos.
La naturaleza propia del ser humano (y no sólo de él sino de todo lo vivo en general) es tal que el hombre no sería ser humano sin un corazón lleno de imperfección y sufrimiento.


Crestomatía:  http://www.attacmadrid.org/?p=3475

La consecuencia inmediata de la desaparición del mal, el mal como imperfección en general (si acaso pudiera soñarse en algo semejante, como en las publicaciones Atalaya mencionadas en un principio), es que el hombre dejaría de moverse, de buscar, porque ya sería un ser satisfecho del todo, porque estaría completo y no necesitaría absolutamente nada.., y esto, esto mismo no es la definición de ser humano.

domingo, 19 de marzo de 2017

Dreamers en México, una auténtica desgracia para ellos

Los dreamers son jóvenes que desde pequeños han llegado como indocumentados al país de las barras y las estrellas, como parte de un intento de sus padres por mejorar su vida. La mayoría son mexicanos.

No es cosa fácil salir del país y dejar atrás la vida que uno tiene; si lo fuera, seguro una gran parte de la población mexicana ya hubiera hecho maletas, convirtiendo este país en un auténtico pueblo fantasma.

Los dreamers llegaron siendo niños a Estados Unidos. Hoy, la gran mayoría son adolescentes y más grandes aún, hombres y mujeres que cursan niveles superior de estudio. Los dreamers son más estadounidenses que mexicanos, aunque propiamente no tengan la ciudadanía norteamericana, y más aún, entiendo que muchos de ellos ni siquiera se sienten mexicanos aunque lo sean oficialmente. Se han criado allá, han vivido allá, hablan inglés como nosotros hablamos español y se han educado en un contexto en el que todas las cosas son bien diferentes, y la mayor parte mejores, respecto de las que se viven aquí en México.

Crestomatía: https://amanager.mx/archivos/fotos/notas/2016/08/15/beneficia-plan-en-eu-a-569-mil-dreamers-f99687dd719c4e8bc6a39e946c3d9ef7.jpg

Si las políticas migratorias de Trump siguen adelante, y los dreamers acaso se ven obligados a regresar al país del que los sacaron, sería una desgracia tal para ellos que si a todos nosotros nos desalojaran de nuestros hogares y nos obligaran a refugiarnos en las casas chiapanecas más miserables, donde no hay progreso ni educación posibles. Eso, eso es lo que les va a pasar a los dreamers si llegan a México: llegarán a un pueblo sin Dios, cuando antes vivían en pleno primer mundo.

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En muchos lugares se habla de las décadas de atraso económico, educativo y tecnológico que tiene México respecto del promedio de los países integrantes de la OCDE. Se habla unas veces de 20 años, otras de 75 y hasta se llega a mencionar un siglo completo atraso.

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¿Y es aquí a donde van a parar los cuasi estadounidenses llamados dreamers, a un país que mide en décadas y hasta en siglos su retraso respecto de Estados unidos y el resto de los miembros de la OCDE? Los dreamers dejarán de serlo si el sino desgraciado los hace regresar al país que les dio la vida, porque su existencia dejará las vías del progreso para ingresar a un país retardatorio que va a obligarlos a dejar de soñar y a dejar de ser llamados, por ello mismo, dreamers.

domingo, 12 de marzo de 2017

La forma de ateísmo que todos profesamos

Platón hablaba de varios tipos de ateísmo. Uno de ellos, el peor, consistía en intentar complacer a los dioses con ofrendas y regalos solicitando a la divinidad un pequeño favorcito. Era la peor forma de ateísmo, decía Platón, porque era tratar a los dioses como si fueran perros que se contentaran con los huesos y las sobras de nuestra mesa.

¿Acaso esto nos suena familiar? Sí, claro que sí. Hoy día y desde hace mucho existen nuestras mandas y sacrificios para convencer a Dios de que nos dé tal o cual cosa. De este modo, los creyentes católicos ejercemos la peor forma de ateísmo de que hablara Platón hace tiempo.

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Como lo comenté en el post relacionado con la posible imperfección de la divinidad, no soy creyente. Pero cuando lo era, pedía a Dios cosas a cambio de otras, como si a él, en caso de existir, le interesara en algo cualquier bien que yo pudiera tener.

Cuando muy probablemente a él no le interesa nada de nada lo que pudiéramos tener. ¿Que pudiera interesarle nuestras buenas acciones? Esto es bastante dudoso, si, cómo sabemos, el mal es condición sine que non de nuestro mundo; y en cuanto tal el mal no puede desaparecer nunca (cómo lo vimos en este otro post) de este mundo. Ergo, las buenas acciones es al parecer lo que Dios menos quisiera para que esté mundo siga en pie.

domingo, 5 de marzo de 2017

Todas las cosas existen en mi mente

¿Alguna vez han pensado en que, quizá, las cosas que ven no existen fuera de su cabeza, digamos, por ejemplo, como si todo fuera un sueño? Cuando soñamos todo lo que vemos, todo, está dentro de nuestra cabeza y ni remotamente, ya despiertos, pensamos que tales cosas existieran fuera de nuestra mente.

Les pregunto nuevamente, ¿les ha pasado por la cabeza alguna vez la idea de que, estando despiertos, todo aquello con lo que se encuentran no es otra cosa que su propio pensamiento, parte de ustedes?

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Si se lo han preguntado temo decirles que no son tan originales como pensaban. Ese tema fue largamente tratado en una época del pensamiento humano: la modernidad filosófica, y de esto ya pasó un buen rato.

Ser es ser percibido, decía George Berkeley (el verdadero, no yo). Con ello él quería decir que las cosas tales como las sillas y los árboles no podían existir solas o por sí mismas, sino que para existir debían ser pensadas.

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Esto que les cuento ahora a mí me tomó bastante tiempo entenderlo, como quince lecturas completas de Los principios del conocimiento humano de Berkeley; pero una vez que lo hice, una vez que encontré el sentido de esa expresión (ser es ser percibido), ¡pum!, fue como si un rayo me hubiera caído en la cabezota, obligándome desde entonces a dejar de ser tan tonto a la hora de emitir juicios sobre la verdad de las cosas de nuestro mundo.

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La teoría sobre que una cosa sensible como un árbol existe sólo en cuanto es percibida, sin duda que resulta increíble y harto extravagante. Lo es, efectivamente, y cuando Berkeley la echó al mundo para el conocimiento de todos, recibió más burlas que el más tonto de los seres humanos. Pero si dejamos las mofas para más tarde, e independientemente de los objetivos que Berkeley persiguiera al contarnos su magnífica teoría, debemos otorgar a Berkeley la razón. No hay de otra, no hay posibilidad de error, él tenía razón, la tenía: todo lo que vemos y tocamos a través de nuestros sentidos son puras y francas ideas, es decir, son pensamientos y por ello sólo existen en la mente.

Si entendemos que la mente, nuestra mente, trabaja sólo con ideas (porque por ejemplo no es el árbol mismo el que está en la mente, sino su idea), todo aquello que tocamos, es decir, percibimos, debe ser a su vez una idea, de lo contrario no podríamos percibirla. Reiteremos esto porque es fundamental, lo único que la mente puede percibir son ideas, o sea, percepciones. Por tanto, el árbol, la mesa y todas esas cosas sensibles que amueblan nuestras vidas, deben ser ideas; y en cuanto son tales, nosotros somos capaces de percibirlas. Ergo, ¿dónde están las cosas materiales que antes suponíamos existentes fuera de nuestra mente?

Si somos razonables, diremos: «Pues ahora no estoy muy seguro, voy a reflexionar esto». Pero si en verdad somos personas razonables, el tiempo que nos tomará reflexionar tal cosa se contabilizará en años.

domingo, 26 de febrero de 2017

Lo mejor para México es que Trump continúe adelante!

Donald Trump sigue dando pasos adelante en pro de renegociar el Tratado de Libre Comercio en lo que respecta a México.

Confieso que el día de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, cuando miraba cómo el mapa electoral se pintaba de azul por todos lados, el color republicano, comencé a temer, a temer en serio, porque sabía lo obvio: en cuanto gran parte del comercio de México depende del país de las barras y las estrellas, la economía de México se vería afectada hasta los huesos si acaso el futuro presidente Trump llegara a tomar acciones reales para deshacer o renegociar el TLC en contra de los intereses mexicanos.

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Pero el miedo que experimente en un principio se ha convertido casi totalmente en resignación... Han pasado ya varias semanas con Trump en la presidencia, y ahora pienso que quizá lo mejor que le podría pasar a México es que el presidente norteamericano siga en su empeño por renegociar, e incluso deshacer por completo el Tratado de Libre Comercio.

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Porque sólo así, a fuerza, México se vería obligado finalmente a entender que debe diversificar sus negocios con el resto del mundo, y no centrar sus esfuerzos e intercambios comerciales con un solo país, que hasta ahora es, en pocas palabras, Estados Unidos.

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La no diversificación trae esta clase de problemas que ahora nos aquejan. En el momento en que algo indeseable sucede con el país en el que centras todos tus esfuerzos, los primeros que van a pagar las consecuencias son sus socios, en este caso nosotros.

Si acaso Trump se viera obligado a dejar la presidencia de su país, digamos por un atentado que le diera muerte o simplemente por una revocación de mandato vía el Congreso1, México, estoy seguro, seguiría adelante con el TLC y abandonar toda idea de diversificación comercial, como si no hubiera aprendido nada, como un animal que carece de memoria, continuando con la dependencia comercial en su relación con Estados Unidos.




1 Incluso Las Vegas dan altas posibilidades al hecho de que Trump no va a terminar sus 4 años de mandato.

domingo, 19 de febrero de 2017

El poco valor que tenemos tú, yo y nuestras amistades

Todos nosotros, a diario, mostramos al mundo la clase de seres que somos y el valor que tenemos; y esto sucede tanto cuando hablamos y cuando no. Ahora me llega a la mente una frase de Kierkegaard que viene muy a propósito:
Y cada uno de nosotros ha sido grande a su manera, siempre en proporción a la grandeza del objeto de su amor.
Esto significa que nosotros somos tan valiosos como las cosas que idolatramos, que seguimos y que nos gustan. Tú no tienes que decir nada a nadie para que todos se den cuenta del valor que tiene tu persona cuando te vemos buscar la vida social semana tras semana, embriagarte o perseguir el futbol mexicano.

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La vida sensible, esa que está dirigida a satisfacer al cuerpo, no está mal, es válida. No todos podemos ser Sócrates, Platón, Aristóteles, Hegel o Kant, gente que ha vivido enteramente una vida contemplativa en pos del pensamiento. El problema, repito, no es tener placeres mundanos, hasta Sócrates los tenía, el problema es hundirse en ellos como un animal.

El problema es soslayar del todo actividades de las que podemos aprender algo y, por el contrario, halagar nuestros ojos con el contenido de la televisión, o complacer nuestro espíritu codeándonos con las amistades que tenemos, de las que muy probablemente nunca obtenemos nada más que compañía.

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En su momento Adal Ramones reunió a multitudes frente a la televisión, lo mismo que Esteban Arce, Facundo y una miríada de personas similares. Pero cualquier cosa poco halagüeña que podamos decir de esa gente que hace reír con pastelazos y comentarios bobos, también se dice de la gente que la sigue. Porque uno mismo es tan grande como las cosas que ama, recordando nuevamente esa frase de Kierkegaard.

Lo semejante busca lo semejante. ¿A quién buscas tú, a quién sigues?

domingo, 12 de febrero de 2017

¿Y la censura en la TV abierta?

Cuando era niño, allá en la década de 1980, la televisión abierta censuraba la mínima grosería; las traducía con eufemismos o las ocultaba con ese pitido que todos conocemos.

En mi adolescencia pensaba que esa censura, que en ese entonces me parecía mojigata, sólo entorpecía el disfrute de la televisión, y que si a final de cuentas todo mundo sabía cuál era la grosería censurada, no tenía caso ocultarla, y más si después de todo medio mundo hablaba así o peor.

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Evidentemente mi posición de adolescente era tonta, tonta por decir poco, como casi todas las ideas que nacen en las aún ingenuas y poco esforzadas cabezas adolescentes, pues ni por asomo tenía yo en cuenta que:
Mucho importa a quiénes oye cada quien todos los días en casa, con quiénes habla desde niño, cómo hablan los padres, los pedagogos, también las madres.
Esta frase pertenece a Bruto, un orador romano. En ella dice algo bastante simple pero sumamente aleccionador: que las personas son lo que son y que se expresan como hablan precisamente porque sus tutores se expresaban y comportaban así con ellos desde su infancia. ¿Han oído ustedes hablar a ciertos "niños barrio", con cuántas groserías vulgares emplean para expresarse? Pues eso no es gratuito, esos niños son así porque eso es lo que oyen de sus padres, de sus primos y de toda la gente vulgar con que se rodean.
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¿Antes yo objetaba a la TV que censurara las malas palabras de mis programas favoritos? Pues no más: hoy pido censura, ¡censura en su máxima expresión! ¿Por qué? Porque no quiero que mis hijos crezcan oyendo palabras de perros y que aprendan a hablar como si no tuviesen un padre preocupado por su educación.

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Hoy la cosa ha cambiado un poco, mucho más bien. La televisión abierta ya no censura muchas groserías y los niños hablan peor que cuando yo era niño. Es claro que la sociedad mexicana se ha vuelto más laxa en cosa de unas décadas, más permisiva. Y estos niños, cuando les toque ser padres, ¿saben ustedes qué harán de sus hijos? Criarán perros y lobas, eso nada más.